Industria · Desde dentro

Lo que aprendí gestionando devoluciones — y por qué las marcas ya tienen ese dinero contado

No temen las devoluciones. Las presupuestan. Y nada de ese coste lo paga la marca.

7 min lectura
Junio 2026

Durante años pensé que las devoluciones eran un problema para las marcas. Que cada par que volvía les hacía perder dinero, y que por eso luchaban tanto contra ellas. Después de tramitar cientos de ellas detrás del mostrador, descubrí algo distinto: las marcas no temen las devoluciones. Las presupuestan. Como quien presupuesta el papel de envolver o la luz del almacén.

Y eso cambia cómo se entienden los precios que pagas.

El viaje real de una zapatilla devuelta

Cuando alguien me devolvía un par, el cliente se iba con su reembolso pensando que la caja «se volvía a poner a la venta y ya está». En la práctica, el recorrido tenía bastantes más paradas — y cada parada cuesta dinero.

Llega a la tienda o al almacén central

Si era online, primero pasaba por mensajería de vuelta. Cada envío de retorno tiene un coste real, aunque al cliente le aparezca «gratis».

Revisión manual

Alguien tiene que abrir la caja, comprobar que la zapatilla está como salió, mirar la suela, oler si han sido usadas, comprobar precintos. Eso es tiempo de una persona pagada por horas.

Reacondicionado

Si la caja está rota, hay que cambiarla. Si los cordones se desataron, se atan. Si falta el papel interior, se repone. Lo que parece menor, sumado a miles de pares al año, deja de serlo.

Decisión: ¿reventa, outlet, liquidación o destrucción?

Esto es lo que casi nadie sabe. Una zapatilla devuelta no vuelve siempre al mismo estante. Su destino depende del estado, del modelo, de la temporada y, sobre todo, de las cuentas de la marca.

Los 3 destinos posibles (y cuál es el real)

Esto es lo que en mi experiencia ocurría con la mayoría de pares devueltos. La gente asume el primer caso por defecto. La realidad reparte mucho más en los otros dos:

Vuelve al estante

Sucede cuando el par está impecable, sin uso, y todavía estamos dentro de la temporada del modelo. Es el caso ideal pero no el más frecuente.

Outlet o liquidación

Si la temporada ya pasó, si el modelo entra en cambio de colección, o si la caja sufrió por el camino — pasa a outlet a precio reducido. Por eso el outlet existe.

Destrucción o donación restringida

Suena fuerte, pero pasa. Algunos modelos de gama alta con stock excedente se destruyen para no devaluar la marca. La regulación europea va apretando, pero la práctica existió durante años.

Lo que cuesta de verdad una devolución

Hagamos números aproximados, porque las cifras concretas varían por marca y país, pero el orden de magnitud es real. Imagina un par de zapatillas con precio de venta de 100 €. Esto es lo que sumamos cuando vuelve:

Infografía: El coste real de una devolución de zapatillas — viaje, desglose de costes y lo que ninguna marca te dice

Cifras orientativas. Varían según marca, canal y tipo de devolución.

Anatomía del coste de una devolución
Cifras orientativas sobre una zapatilla de 100€ de PVP
Envío de retorno (mensajería)
4–8€
Tiempo de revisión y reacondicionado
3–6€
Caja, papel, embalaje nuevos si hace falta
1–3€
Pérdida de margen si va a outlet (–30 a –50%)
15–25€
Coste real de la devolución
25–40€

Sobre un par de 100 €, una devolución puede costar a la cadena entre 25 y 40 €. Mucho dinero. Y aquí viene lo importante.

Ese coste no es una sorpresa. Está dentro del precio que pagaste antes de devolver nada.

Por qué las marcas ya tienen ese dinero contado

Cuando una marca o una cadena fija el precio de venta, no calcula solo coste de fabricación + transporte + margen. Calcula también una tasa de devolución esperada. En e-commerce de calzado, esa tasa puede moverse perfectamente entre el 20% y el 40% según el canal — y todos los costes asociados se reparten entre los pares que sí se venden y se quedan.

Traducido: el cliente que compra y se queda con sus zapatillas está pagando una parte de la devolución del cliente que no se quedó con las suyas. No es una conspiración, es contabilidad. Pero conviene saberlo.

Por eso «envío y devolución gratis» no significa que sea gratis. Significa que ese coste ya está repartido en el precio. La marca no regala nada — lo presupuesta y lo cobra a todos un poquito.

Cómo afecta esto a lo que compras tú

Esto no es para que te sientas mal devolviendo. Si una zapatilla no te va, devuélvela — para eso existe la garantía. Pero sí cambia un par de cosas en cómo decides:

Primero, el outlet no es magia ni un descuido de la marca: en buena parte está compuesto por devoluciones, sobrantes de temporada y stock excedente. Por eso las tallas son irregulares y por eso los modelos están «casi siempre» — pero no del todo.

Segundo, las marcas que más venden online son las que más han optimizado este circuito. Tienen logística inversa eficiente y devoluciones presupuestadas al milímetro. Las que peor lo gestionan suben precio para compensar o reducen el plazo de devolución (te habrá pasado: pasar de 30 días a 14).

Tercero — y esto es lo importante — comprar bien a la primera te ahorra a ti tiempo y energía, y le ahorra al sistema un coste que en última instancia paga el comprador medio. Probarse mejor (eso te lo conté en la primera parte) no es solo bueno para tu rodilla. Es bueno para el precio que pagas.

Sin ruido. Solo criterio.

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Mi veredicto

Las marcas no pierden dinero con las devoluciones — han aprendido a vivir con ellas. El coste real de cada devolución se traslada al precio general, y el comprador que acierta a la primera está, sin saberlo, financiando una parte del que no acertó.

Devuelve siempre que lo necesites — para eso existe el derecho. Pero acertar a la primera (probándote bien, no comprando «por si acaso», no pidiendo dos tallas para quedarte una) es la forma más silenciosa de protestar contra unos precios que ya tienen tus devoluciones incluidas.

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